domingo, 16 de septiembre de 2012

Recordando a Repilado





Recordando a Ricardo Repilado

Rafael Carralero


Ricardo Repilado fue mucho más que un simple profesor, el ejercicio de la academia no sólo requiere de una buena formación dispuesta a ser impartida, cosa que caracterizaba a Repi, como solíamos decirle con cariño; el mejor maestro es aquel que complementa el conocimiento con la magia de impartir y convertirse en sujeto indispensable, protagonista y actor a la hora de decir la clase. Así era aquel hombre pequeño, de lentes ovalados y sonrisa irónica. Un verdadero mago de la escena, que no daba margen a la distracción.
  Tenía Ricardo Repilado una cultura proverbial, adquirida a través de muchos años de investigación y lecturas constantes. La literatura y la lengua española no parecían tener secretos para él, era capaz de detenerse en los detalles insólitos, que sólo determinadas visiones agudísimas pueden detectar. Redacción y Composición  y Técnica de la investigación bibligráfica, sus asignaturas  fundamentales adquirían dimensiones incalculables, mucho más allá de lo que podrían presuponer tales enunciados. Eran casi pretexto para internarse siempre en los terrenos de la teoría literaria, la historia de la cultura y el análisis literario.
   Tenía la capacidad, a veces la intención, de espantar a los alumnos cuando entraban a su salón, pero era sólo parte de la atmósfera, de la escenografía y el ambiente, porque aquel hombre que miraba detenidamente por encima de sus lentes y terminaba con un rugido, tenía un corazón enorme y una voluntad inquebrantable de educar y ayudar.
    Contestatario, inconforme, crítico mordaz  y valiente en sus proposiciones fueron también características de Ricardo Repilado, el maestro de muchas generaciones, bibliotecario en la biblioteca del Congreso en Estados Unidos, autor de varios libros importantes y de métodos para impartir sus asignaturas, que muchas universidades de habla hispana asumieron como textos.
   ¿Quién pudiera imaginar a aquel hombre enjuto, al intelectual de sutilezas, al profesor insigne comandando un pelotón de milicia? Pues fue. En cierta preparación combativa de la universidad, el Repi conducía un pelotón del cual yo era soldado. A la hora del descanso para irnos a almorzar, al profesor se le olvidó la palabra ALTO. Andábamos de un lado para el otro a la voz de: media vuelta, izquierda, derecha, etcétera. Sudábamos copiosamente bajo el implacable sol del Caribe. De la comandancia lo llamaban a receso, pero el orgulloso profesor, ahora comandante de pelotón, había olvidado definitivamente la palabra clave: ALTO. Hasta los que siempre lo quisimos entrañablemente empezamos a odiarlo. El sudaba también a punto del desfallecimiento. En la comandancia general no podían creer lo que estaban viendo. “Se volvió loco el profesor”, decían. Entonces, vencido por el olvido y el agotamiento, Repi se paró delante del pelotón con los brazos abiertos y sustituyó la palabra mágica por el recurso infalible: “Párense, caterva de cabrones”. Y concluyó el martirio.   
   Repi es para mi una referencia constante, una inspiración que no sólo contribuyó de manera esencial en mi formación, fue inspiración y estímulo para mi trabajo creador. Ahora, tantos años después, siento el orgullo de haber sido su alumno y discípulo, que no es lo mismo. Gracias a quien se proponen rendirle tributo.

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